I ain't wasting no more time...! =)

Other way to see the world...!

«Entonces te seguía de mala gana, encontrándote petulante y malcriada, hasta que te cansaste de no estar cansada y nos metimos en un café del Boul’Mich’ y de golpe, entre dos medialunas, me contaste un gran pedazo de tu vida».

Estoy tratando de decirte que…
me desespero

de esperarte.

El tercer nivel de Rayuela es una referencia directa al lector y de ahí sale esa noción de lo que en los libros se llama —ya aludí a ello un poco al comienzo de estas charlas— «el lector cómplice»: el autor de Rayuela es un escritor que pide lectores cómplices; no quiere lectores pasivos, no quiere el lector que lee un libro y lo encuentra bueno o malo pero su apreciación crítica no va muy lejos y se limita simplemente a aprovechar todo lo que el libro le da o a sentirse indiferente si el libro no le gusta, pero sin tomar una participación más activa en el proceso mismo del libro.
Sé muy bien que intenté una cosa un poco desesperada, sé muy bien que es muy difícil que cuando estamos leyendo un libro nos sintamos profundamente implicados en él hasta llegar al punto de ser casi como un personaje y podamos intervenir en el mismo libro a través de nuestro criterio. Sé que eso es muy difícil y sin embargo sé que en gran medida muchos lectores de Rayuela fueron y son lectores cómplices. Lo sé porque están aquellos a quienes el libro no les gusta en absoluto y lo tiran por la ventana y a mí me parece perfecto: como yo he tirado por la ventana cientos y cientos, que tiren uno mío por la ventana me parece perfectamente bien, es el derecho del lector. Ha habido también el lector que no lo ha tirado por la ventana pero lo ha criticado duramente y al criticarlo se estaba criticando a sí mismo, revisando sus propios puntos de vista a la luz de lo que estaba leyendo, creando una dialéctica muy activa y muy importante entre el lector y el libro. La intención de Rayuela es eliminar toda pasividad en la lectura en la medida en que sea posible y colocar al lector en una situación de intervención continua, página a página o capítulo a capítulo. Para conseguirlo, lo único que tenía a mi disposición es todo lo que ya he explicado, o sea el cuestionamiento de la realidad por un lado y el cuestionamiento del idioma por otro, y en tercer lugar algunas maneras de acercarse a l libro que le dieran una mayor flexibilidad. Eso es lo que explica el hecho de que se propongan dos posibilidades de lectura, algo que mucha gente no comprendió y consideraron una frivolidad o un esnobismo.  ¿Para qué complicarse la vida?, ¿por qué dos maneras de leerlo?, ¿por qué es que el libro puede leerse hasta tal capítulo y después no hay que leer el resto en cambio se puede leer de otra manera donde todo entra? E incluso se puede leer de otras maneras ya que hay gente que ha buscado otras combinaciones empezando por el final  y terminando por el principio… Ha habido muchos lectores que no acepaban eso porque no querían ser cómplices: es el lector que prefiere dejarse hipnotizar por el encanto de la literatura y leer un ibro sin reaccionar personalmente salvo al final, cuando dice: «¡Sí, qué bonita novela!» o «¡Qué novela tonta!», una especie de síntesis final sin esa intervención permanente que yo buscaba y esperaba en mis lectores.

Julio Cortázar, en la séptima clase de sus coloquios en Berkeley (1980), recogidos por Alfaguara (2013), páginas 222-223.

Non me dixo
se che contase o repugnante que encontro a túa boca,
o charco das túas hormonas pringosas e clamantes.
Preferiría meter os dedos nunha cable de alta voltaxe
que a miña cara na redondez irrespirable das túas tetas.

[…]

Sí, mis bebés me afectan cada vez más.

Puroamor.

One in black,please!

Sí, mis bebés me afectan cada vez más.

Puro
amor.

One in black,
please!

(via sousiya)